La cuestión es: aunque forres un armario de cuero negro y tachuelas sigue siendo un armario.
Cuando era adolescente y planeaba destrozar mi armario no sabía que, a modo de “Matrioshkas”, el armario de la homosexualidad contiene otros muchos armarios en su interior. Ingenuamente pensaba que la represión venía desde la heterosexualidad reinante únicamente por el hecho de ser maricón, y no imaginaba que el propio colectivo homosexual reprimido iba a su vez a marginar a parte de los suyos utilizando argumentos parecidos a los de la homofobia como pasa, por ejemplo, con la plumofobia o la pasivofobia que imperan dentro del colectivo homosexual. En general se siguen teniendo las mismas ideas preconcebidas que nos han inclucado desde pequeños, seguimos sin distinguir entre rol y género, y continuamos asociando la masculinidad a la penetración activa, etc. Estar marginado por culpa de falsas ideas no parece haber ayudado mucho a la mayoría de los propios gays a reflexionar sobre el origen de las mismas. Si además empiezas a coquetear con el BDSM o con practicas de sexualidad no convencional…, ahí ya la hemos liado.
Cuesta confesar a tus mejores amigos que te gusta pegar a alguien, que disfrutas cuando te meten un puño por el culo o que te corres vivo cuando te mea tu novio, sin que te cuelguen la etiqueta de PERVERTIDO. No importa que muchos desconozcan realmente su auténtico significado, ser pervertido es lo peor! Y en este armario entramos todos, no solo gays y lesbianas, los heterosexuales también.
No voy a hablar del armario homosexual porque ya se ha escrito mucho y muy bien sobre el tema, ni voy a discutir que es cierto que hemos logrado importantes avances en las últimas décadas en cuestión de derechos a nivel legal porque eso nos desviaría del tema del post, que es el BDSM, a pesar de que tengo puntualizaciones importantes al respecto. Lo que quiero tratar aquí es ¿cómo salimos del armario del BDSM?.
Seguro que algun@s estais pensando “yo practico BDSM pero no me considero dentro de ningún armario”. Siento deciros que estais equivocados. El terrible poder del armario es que logra convencernos de que no existe. El racismo, por poner un ejemplo, tiene una ventaja frente a la homofobia, es más fácil de denunciar porque los negros no pueden disimular que lo son, los gays pueden al menos intentarlo. Por eso la homofobia es más sutil y más difícil de evidenciar. A los negros no les queda más remedio que admitir que el color de su piel es el motivo de su exclusión, los homosexuales en cambio pueden fingir que no lo son y hacerse pasar por quienes les están marginando. En mi opinión, con el BDSM pasa exactamente lo mismo.
Alguien podrá argumentar que el armario BDSM no existe porque la sexualidad es algo que pertenece a la vida privada e íntima de las personas y, por tanto, no hay necesidad de hacer públicos tus gustos sexuales. Es decir, que los mantienes en privado porque quieres y no porque nadie te obligue a ello o te reprima. Habrá quien considere que mantener oculta su pasión por el BDSM no le causa ningún malestar de ningún tipo, y hasta se convencerá de que es un acto totalmente voluntario. No es relevante y por tanto a nadie le importa. A mí en cambio me resulta curioso que un dato que no es relevante llegue a convertirse en un secreto y nadie se extrañe de ello. Olga Viñuales tituló su libro sobre testimonios de gente practicante de BDSM “Armarios de cuero” (Editorial Bellaterra), por algo será.
No hablo de explicar a los demás con “pelos y señales” los pormenores de lo que nos gusta hacer en el sexo, sino de poder decir libremente y sin dar más explicación “me gusta practicar BDSM” sin miedo a convertirte en un friki. ¿Ante quien? Evidentemente la vecina de abajo no me preocupa nada, pero si cuando empiezas a practicar BDSM no se lo cuentas a tus dos o tres íntimos amigos es porque te preocupa cual puede ser su reacción. Te preocupa si sabrán entenderlo, si lo llegarán a ver como tú lo ves, si seremos capaces de explicárselo o si nos considerarán un bicho raro a partir de ahora. Hemos tenido que desaprender muchas cosas nosotros mismos cuando empezamos a coquetear con el BDSM, así que podemos asumir que un “vainilla” no lo va a entender a la primera, salvo excepciones.
Y todo esto se agrava, por supuesto, si el que tiene que salir del armario es el sumiso, el que recibe las hostias, el que es humillado.
Aún me parece más complicado explicar una relación 24/7, porque una sesión esporádica, un rato de sexo se puede perdonar, pero vivir 24 horas al día una relación “de ese tipo” no tiene que ser sano. Eso es lo más bonito que puede llegar a pensar incluso la gente que te quiere. A mí personalmente me gustaría volver a tener una relación 24/7 si encuentro la persona adecuada. Aunque las sesiones sueltas las disfruto, quiero más, y porque ya lo he vivido sé que eso es lo que quiero, lo que no sé es si volvería a ser tan transparente de cara a los demás acerca de esa relación como lo fui en la anterior. No por lo que puedan decir o pensar, que es algo que nunca me ha preocupado, sino porque me planteo que tal vez la falta de juicios exteriores pueda facilitar la buena marcha de dicha relación, al menos en las primeras etapas de la misma. Manda huevos que después de tantos años de luchar contra el armario esté yo ahora escribiendo esto. (No es más que una sensación que me dejaron algunos hechos que se quedan en el terreno personal ).